
Nunca había hablado por aquí del tema del shadowban, una estrategia que siguen las redes sociales para castigar a usuarios conflictivos invisibilizándolos sin una amonestación formal y pública. De primeras podría parecer una herramienta muy útil para quitarle voz a quien juega con las normas e intoxica la red, pero en la práctica se ha convertido en la aceptación de unas reglas de estilo opacas de una empresa con criterios comerciales.
Es decir, ahora ya no tenemos que estar atentos a unas directrices claras sino que debemos temer una amenaza invisible ante la que apenas podemos defendernos y que jamás nos es notificada. Sumémosle la ola de toxicidad que genera mucha participación e ingresos para la compañía y el resultado es el cóctel actual, una borrachera de fascismo que inunda no solo la red sino que permea en toda la sociedad.
Esta clase de cosas no ocurren en el lado libre y abierto del fediverso.



