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Lo que más me gusta de este artículo es que reconoce uno de los puntos débiles de cualquier legislación contra las llamadas publicitarias y de spam: nosotros y nuestra facilidad para aceptar opciones sin ser conscientes realmente de a qué damos consentimiento.
Puede que, como dicen, este fenómenos esté en vías de solucionarse (al menos parcialmente) al obligar a renovar el consentimiento cada dos años… pero quizás consiga el efecto contrario, que la mayoría de la gente preste aún menos atención cuando le lleguen avisos para volver a aceptar.
