
Lo de registrarnos cómodamente usando nuestras cuentas de Google, Facebook, Apple o Microsoft suena muy apetecible, especialmente cuando solamente vamos a probar un servicio online y no queremos escribir todos nuestros datos.
Desde luego es muy cómodo y rápido porque no tenemos que apuntar nuevas contraseñas, pero a cambio dependemos completamente de que la «cuenta madre» no sea hackeada o inhabilitada. Y, para colmo, le estamos dando aún más información de lo que hacemos fuera de su ecosistema.